Volvemos a compartir con los amables lectores de EPICENTRO, luego de una ausencia de poco más de dos meses – antes de ver la fecha de la última columna – pensaba que eran unas cuatro o cinco semanas.  Lamentablemente la acumulación de trabajo en los dos últimos meses del año – a Dios Gracias – me impidió cumplir con la columna semanal ofrecida a nuestro estimado amigo Eder Juárez. 

A esto se agrega que, para escribir una columna de alguna periodicidad, se necesita de cierto ritmo, que se pierde fácilmente y cuesta recuperarlo.  No recuerdo exactamente quien lo dijo, pero alguna vez un columnista afirmó que el artículo semanal se convierte en una carga que llega a provocar agotamiento.  Desde que era adolescente me encantaba leer los artículos del legendario periodista, posiblemente el más destacado de la historia de Guatemala, don Clemente Marroquín Rojas – que llenaba fácilmente una o dos páginas del formato grande de La Hora de mediados del siglo pasado – abordando cuatro o cinco temas con estilos diferentes, pues este variaba de acuerdo con el seudónimo que utilizaba.  Años después, cuando comencé a escribir artículos o informes de investigación, caí en la cuenta que una producción de esa magnitud requiere de una extraordinaria capacidad.  Después supe que los artículos eran escritos en el curso de la mañana y que, sin pasar por la corrección de pruebas, iban directo al linotipista.

Pues bien, después de este preámbulo queremos compartir con nuestros lectores la preocupación que genera el panorama nacional, que no puede ser más desalentador. Y lo peor que prácticamente solo nos queda acudir al muro de los lamentos para darnos repetidos golpes, esperando el milagro divino.  Los optimistas o que quieren adornar la escena, dirán que la caída de la economía de Guatemala en 2020 fue una de las menores de América Latina – la última estimación del BANGUAT, ya señalada de que peca de optimista, es de – 2.5 % – y que tendrá, por consiguiente, una recuperación más rápida en 2021; que tenemos una macroeconomía estable, con perspectivas de crecimiento más sanas, con comportamiento fiscal más disciplinado y prudente, según palabras de un experto de J. P. Morgan.  Además, se alzan las campanas al vuelo porque según datos del BANGUAT, las remesas aumentaron US$609 millones al comparar el ingreso a noviembre de 2020 con el mismo período de 2019, aumentaron en US$609 millones, mientras para otros países, como El Salvador, el ingreso de redujo considerablemente.  El presidente mexicano, en una mezcla de cinismo e ignorancia, calificó de “milagro social” el incremento del flujo de remesas, que presentó como logro en su informe de gobierno.

Lo incuestionable es que los indicadores sociales y laborales nos colocan en los últimos lugares de América Latina. Y tal vez no vamos a empeorar porque ya tocamos fondo.  La pobreza y de la desigualdad se profundizan, y el pacto de corruptos está a un gol de la victoria, pese a la heroica actuación del fiscal Juan Francisco Sandoval y de algunos jueces. Ya me pasé del límite razonable para esta columna, así que continuaremos en la próxima entrega, tratando de ver una luz al final del túnel.