SU PEOR ENEMIGO

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Luis F. Linares López

El 11 de mayo en la presentación del índice del Doing Business, el presidente Giammattei aludió a las luchas a las que “nos hemos tenido que enfrentar. Incluso enemigos dentro del propio Gobierno tratándonos de bloquear todas las iniciativas, con el fin y propósito de que el Gobierno fracase” (Soy 502).  La verdad verdadera, como solía decir un buen amigo, el peor enemigo del gobernante, en cuanto a las posibilidades de éxito de su gestión, no es otro que el mismo Alejandro Giammattei.  Es el que mete la pata a cada rato, con decisiones cada vez desacertadas; que se une con los intereses más nefastos y lleva al Gobierno a un descenso cada vez más pronunciado en cuanto a eficacia y credibilidad.

La alianza oficialista en el Congreso produce aberraciones como las reformas a la Ley de Contrataciones del Estado y la ley que regula a las ONG.  La primera, abre más las puertas para compras sin control y competencia, que facilitan el uso indebido de los recursos públicos. La segunda busca neutralizar a las organizaciones que molestan al poder público y a los poderes fácticos.  En Nicaragua, los empresarios aprendieron la lección de su alianza con Ortega y se oponen a la “Ley de regulación de agentes extranjeros”, mientras aquí corifeos del empresariado alaban la decisión de la Corte de Constitucionalidad.

El Ministerio de Salud Pública sigue sin dar pie con bola en la vacunación.  El lunes 17, en Emisoras Unidas, la ministra de Salud dijo que no se comieran ansias por las vacunas.  ¿Cómo se le ocurre que la población no vaya a estar, ya no ansiosa, sino que desesperada por el lento avance de la vacunación?  Que nos tiene entre los tres países entre 18 de América Latina, según datos al 14 de mayo, con el menor porcentaje de vacunación, con solamente 1.52 % de población completamente vacunada, mientras Chile alcanza el 47 %, Uruguay 38% y Costa Rica 13 %.  Para variar, continuamos aferrados a los últimos lugares en la región en cualquier aspecto que se relacione con las funciones básicas del Estado, la calidad de vida y el ejercicio de los derechos económicos y sociales.

La llegada de la actual ministra generó expectativas, por su gran experiencia en la salud pública, pero se ve que el cargo le queda grande.  Me parece que el problema principal es que o no sabe dirigir, o el omnipresente y omnisapiente presidente no la deja llevar el timón de la cartera, y por eso no para de dar bandazos. Se comenta por gente que conoce las interioridades del ministerio, que el presidente no deja actuar a la ministra, y que el mentado Miguelito se mete en todo, confirmando lo antes dicho.  El lunes la ministra anunció que el jueves se recibirían 50,000 vacunas (una nada), pero cuando escribo esta nota (viernes 21 por la mañana) nada todavía. ¿Por qué el Gobierno negoció con una dudosa empresa, supuestamente vinculada al Gobierno ruso, y no confió en el mecanismo COVAX?  Quiso meter un gol de medio campo, pero el tiro le está saliendo por la culata, y tarde o temprano se sabrá si hubo tranzas bajo la mesa.  Mientras tanto, ya hay cálculos de que, al paso que vamos, dentro de 15 años la población estará vacunada totalmente.