LES DIERON LA MANO Y AGARRARON EL CODO

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Luis F. Linares López

Solamente uno de cada 20 ocupados gana más de dos salarios mínimos (alrededor de Q6,000). Según un artículo de Plaza Pública “Neto Bran y Edwin Escobar: los alcaldes del millón y medio de quetzales”, durante 31 meses (de enero 2016 a agosto de 2018) el alcalde de Mixco participó en 599 sesiones del Concejo Municipal (19 sesiones mensuales) con una dieta de Q4,000 en cada una, para embolsarse en ese lapso, junto con su “Honorable Concejo”, la cantidad de Q1,752,000.

Es el caso más grotesco pero, en general, los alcaldes, síndicos y concejales abusan de salarios, gastos de representación y dietas desmesurados y ofensivos, para un país que tiene el más alto porcentaje de pobreza multidimensional en América Latina, posiblemente solo debajo de Haití, que no aparece en ese índice.

El Código Municipal vigente de 1957 a 1988 que el monto de las dietas sería fijado por el Concejo Municipal, pero el aumento sería aplicado hasta que terminara el período dentro del cual se acordara, es decir, para la próxima Corporación, y como no había la reelección, nadie quería dejarle servida la mesa a los sucesores.

El Código Municipal emitido en 1988, a tono con el espíritu constitucional que reconoce a los municipios una autonomía amplia, eliminó esa y otras restricciones. Se partía del supuesto que, siendo producto de la voluntad popular y la autoridad más cercana al ciudadano, harían uso responsable de la autonomía y los recursos municipales.

La autonomía, para que no sea mera ficción, requiere de un margen de libertad de acción, con funcionarios que cumplen con una regla básica de la democracia que es la de contención y moderación en el ejercicio del poder. Pero nada de eso sucede en Guatemala.

El ex alcalde Escobar, en el colmo del cinismo, para justificar sus elevadas dietas dijo que “todo funcionario público debe ser bien remunerado (…) Porque si usted quiere poner una dieta de un quetzal en Villa Nueva lo que va a generar es corrupción”. Nadie habló nunca de una dieta de Q1. Sería absurda, pero más absurda es una dieta de Q3,000 por sesión.

El equivalente de un salario mínimo por una sesión de una hora. Es una falacia que los salarios de los funcionarios deben ser elevados para evitar la corrupción. Otto Pérez era el segundo presidente mejor pagado de América Latina y robó a manos llenas.

Por el contrario, se cumplió el refrán popular de que les dieron la mano y agarraron el codo y un poco más. Por eso es justa y necesaria, digna de ser apoyada, la iniciativa de ley presentada por la bancada de WINAK para regular los sueldos de los alcaldes y las dietas de los síndicos y concejales. Porque si no se amarran las manos, hay que amarrárselas. Sin embargo, como hecha la ley hecha la trampa, deben limitarse los gastos de representación y prohibir que los integrantes de los concejos devenguen dietas por participar en directivas de empresas municipales o institutos por cooperativa. Los montos que propone WINAK – hasta cuatro salarios mínimos para el alcalde – pueden pecar de bajos, pero son un buen punto de partida para la discusión.