• 17 de January de 2021

LAS PERSPECTIVAS PARA EL 2021

“Invito a que trabajemos, desde nuestras trincheras, a ver cómo podemos ayudar a cerrar las brechas económicas, en salud y en educación” (Gustavo Olaiz)

Un viejo proverbio chino reza: “De las nubes más negras cae el agua más limpia”. Sabiduría ancestral que establece que de toda situación problemática y negativa, puede convertirse en una oportunidad para mejorar, para transformar las situaciones  negativas, en positivas. Desde esa perspectiva, el conflicto, la pobreza, la desigualdad y la variedad de males que se han agravado en este año, debido a la crisis sanitaria que hemos atravesado a lo largo del 2020, puede convertirse en una oportunidad dorada para encontrar, por fin, la ruta que permita encaminar a nuestro bello y fecundo país, hacia la senda de prosperidad y bienestar colectiva que todos, en algún momento, hemos soñado para Guatemala.

Por supuesto que tenemos grandes desafíos que enfrentar, empezando por un sistema democrático que se ha convertido en el principal enemigo de la transformación, debido a los sesgos y problemas que se heredaron del momento fundacional: con partidos políticos prácticamente inexistentes, con políticos cada vez menos enfocados en el bien común y con más interés en sus propias ganancias, más que en el bienestar de la nación; con una ciudadanía empobrecida, carente de tantas cosas, mayoritariamente pasiva, con pocos valores democráticos y fácilmente seducida por los políticos oportunistas y populistas; con una institucionalidad del Estado en trapos de cucaracha que no alcanza para sostener un esfuerzo transformador; con una economía de por sí precaria, que ahora, después de la pandemia, ha sufrido aún más contracción; y con una mermada calidad de los recursos naturales, antes exuberantes, que ahora peligran convertirse en una trampa mortal, debido al riesgo a desastres y al cambio climático.

A este listado incompleto de problemas se le agrega una sociedad altamente polarizada, dividida y volátil, en la que existe una amplia tradición de liderazgos que llaman repetidamente a la intransigencia, a la descalificación del otro, a la violencia contra el otro diverso, y en la que existen pocas oportunidades para la construcción de puentes sociales que permitan el encuentro, la conciliación de intereses y la construcción de un proyecto de nación realmente incluyente que permita la concreción de un verdadero esfuerzo societal para alcanzar el tan anhelado sueño de transformación de nuestro país, en la Guatemala que todos soñamos; aquella que se plasma en la última estrofa de nuestro hermoso himno nacional: “Ojala que remonte su vuelo, mas que el cóndor y el águila real, y en sus alas levante hasta el cielo, Guatemala tu nombre inmortal”.

En la mente de muchos actores sociales, la idea de tocar fondo ha rondado repetidamente el sueño de muchos, ya que se piensa que amenaza del abismo finalmente llevará a una reacción vigorosa que transformará los males en oportunidades. Pero ese razonamiento ha fallado en dos premisas: primero, todo “fondo”, siempre encuentra una perspectiva de una situación aún peor, por lo que realmente nunca tocamos fondo en realidad. Pero aún más relevante que esta razón, la segunda premisa es que ciertamente, cada situación caótica despierta un vigoroso esfuerzo por el cambio, pero lidereado por cada sector o actor, separado del resto. Paradójicamente, los males, lejos de convertirse en un impulso para el cambio, afianza aún mas el divisionismo, la descalificación y la búsqueda del protagonismo mesiánico de liderazgos ciegos y sordos al verdadero clamor popular: por algo, cada presidente que hemos tenido desde 1985 a la fecha, ha prometido un cambio que nunca ha llegado. El último de esos liderazgos mesiánicos es hoy presidente de la República, y el resto de posibles reemplazos a futuro, son una larga letanía de personajes que tienen el mismo gesto individualista, falsamente mesiánico y autocrático que ya conocemos hasta la saciedad.

Mientras no aprendamos de nuestros errores, seguiremos tercamente en la senda de la involución que ya conocemos, por lo que el futuro siempre será sombrío y pesimista. Como dice un refrán conocido: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. ¡Ojala, el 2021 logremos asimilar esta premisa, para empezar a transformar nuestros problemas en oportunidades para el cambio verdadero!

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