LA CUESTA DE ENERO: UN PROBLEMA DE SALUD MENTAL

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Luis Fernando Mack

“Charles Dickens fue quien realmente inventó la Navidad, ya que con un Cuento de Navidad (1843) atrajo a la aristocracia y a la clase media a esa festividad” (Fernanda Valiente)

La navidad, tal como la conocemos, está indisolublemente ligada al “Cuento de Navidad”, de Charles Dickens: quizá por ello, este relato es uno de los más adaptados al cine, contando ya con innumerables versiones y adaptaciones que la han hecho indispensable para esta época. Lo que pocos conocen es que justamente, en la época en que Dickens escribió su obra, la navidad como celebración, no existía como tal, mucho menos con ese énfasis ampliamente materialista, consumista y comercial con el que se ha revestido esta temporada: los últimos meses de cada año, se acostumbra desde hace muchas décadas, celebrar lo que se ha dado por llamar “la época más linda del año”, debido a la parafernalia colectiva que se empeña en festejar en grande esta festividad, supuestamente basada en el nacimiento de Jesús, pero cuyo verdadero significado está lejos de vivirse realmente por la gran mayoría de la población.

Originalmente, cuando era joven, me dejé contagiar por este magistral engaño que todos se empeñan en vendernos por doquier: esperaba con ansias estas festividades, debido a que también coincidían con las vacaciones escolares. Sin embargo, siempre que pasaban el 24 y el 31 de diciembre, la magia simplemente se esfumaba, dejando solamente una suerte de resaca colectiva, que me hacía sufrir los primeros días de enero como los peores de cada año. Por eso, no es casualidad que la temporada post-navideña se le ha dado por llamar “la cuesta de enero”, refiriéndose con este nombre principalmente a las consecuencias de los gastos exagerados que se han realizado en los meses de noviembre y diciembre, pero también al desencanto generalizado que tiende a vivirse, debido a que todo tiende a volver a la normalidad: la rutina del trabajo, la dureza de la lucha por la sobrevivencia en un país tan desigual como Guatemala, y a la ausencia marcada de instituciones estatales que puedan ayudar a los múltiples ciudadanos que en el día a día, intentan superar los mil y un problema que hemos ido acumulando en este sufrido y complejo país.

Enero, indudablemente, es el mes más difícil del año, al punto que por ejemplo, el psicólogo Cliff Arnall, en el 2005, llegó a pensar que en enero es cuando ocurría lo que llamó el Blue Monday”, o el día más triste del año, evento que tendería a ocurrir el tercer lunes de enero. Ciertamente, esta apreciación de Arnall ha sido ampliamente debatida, debido a que parece no estar del todo claras las bases científicas que permitirían precisar tal aseveración; sin embargo, me parece que lo más importante de esta afirmación, es que no hemos pensado seriamente sobre las consecuencias de la época navideña sobre la salud mental de los ciudadanos: en México, por ejemplo, un estudio que tomó como base los años 2000 al 2013, tendió a identificar que la época navideña es cuando más se acentúan las tendencias suicidas. En Guatemala, claro está, no existe información al respecto de este fenómeno.

El fin de la temporada navideña, por lo tanto, solo puede augurar malas noticias, debido a la acumulación de tensiones debido a las deudas asumidas para supuestamente celebrar la navidad y el año nuevo, y las cargas financieras que se agregan al inicio del año, ya que en Guatemala, enero es el inicio de calendario escolar, lo que conlleva gastos debido en concepto de colegiaturas, inscripciones y útiles escolares. Por eso, la época navideña, como tal, es considerada como el detonante más probable para muchas depresiones y problemas de tipo sicológico, quizá debido a que, pese a que nos hacen creer que es una época pletórica de alegría, en realidad esto no es siempre así: la soledad, la tristeza y los problemas financieros, probablemente hacen que muchas personas sientan aún más soledad y tristeza en está época, debido al énfasis colectivo en esta supuesta alegría generalizada.