ESTAMPAS DE LA ¿ANTIGUA? VIDA POLÍTICA

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Gabriel Orellana Rojas

Robert von Mayr, en su libro Historia del Derecho Romano (2ª. edición, 1931, traducción de Wenceslao Roces, Editorial Labor, 1931, tomo II, página 255) enfatiza «La ingeniosa observación de Mommsen, que dice que “más aún que en los individuos, se ve en los pueblos cómo, a partir de una fase temprana de evolución, todo progreso implica al mismo tiempo una decadencia”, se puede comprobar de un modo preciso en la historia de Roma.» Para ilustrar esta reflexión encontré un pasaje en la obra de otro estudioso romanista, que copiaré a continuación, indignado por la realidad política que vive nuestro país… que cada día más se precipita hacia la decadencia.

«En Roma se consideraba incompatible con el honor del cargo percibir sueldo alguno, al punto que incluso los gastos inherentes al mismo y especialmente los originados por los juegos públicos, eran restituidos en porciones ínfimas. Fue solamente durante el ocaso de la República cuando todo el mundo trataba de enriquecerse mediante los puestos de embajadores espléndidamente dotados, así como los cargos lucrativos de gobernadores; en este último caso se enriquecían a expensas de las provincias.

Pero hasta entonces se habían conformado con la atribución de honores. Al llegar un magistrado, todos los ciudadanos se levantaban; en la calle, la gente se apartaba, se apeaba del caballo y se descubría; ni siquiera el mismo padre del funcionario hacía una excepción en tales casos. El empleado inferior era considerado frente al superior como un hombre privado. Los cargos curules hasta la edilidad inclusive se distinguían por el atavío de sus trajes. Les correspondía la toga orlada con franjas moradas y durante el ejercicio de sus funciones estaban sentados en un taburete plegable de marfil (sella curulis). Todo aquel que había desempeñado alguno de estos cargos pertenecía a la nobleza, tenía derecho a un asiento en el Senado, así como al entierro público; una careta de cera conservaba sus rasgos para siempre a la posteridad (ius imaginum). Además, un número variable de alguaciles (lictores), que llevaban hacecitos de varas (fasces), precedían a los funcionarios que poseían el imperium, y en el centro de aquellos vergajos llevaban, dentro del distrito de jurisdicción militar, las hachas consulares (securis), indicando el poder ilimitado de vida y muerte que poseían aquellos magistrados.» (Leo Bloch, Instituciones Romanas, traducción de la 3a. edición alemana por el Dr. Guillermo Zotter, Editorial Labor, S.A., 1930, No. 14).