DECONSTRUCCIÓN DEL SER CIUDADANO Y DEL ESTADO EN GUATEMALA

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Rosaura Ragüex

La ruptura en el imaginario de cómo se percibe al Estado y por quiénes puede ser dirigido es una de las tareas fundamentales para plantear en las discusiones sobre el Estado guatemalteco a sus doscientos años de independencia, aunque cabe recalcar que ha sido una discusión histórica desde los pueblos originarios mediante las rebeldías y movilizaciones políticas ante los históricos despojos y explotación ejercidos por los colonizadores y mantenidos, reforzados y afinados por sus descendientes hacia los pueblos originarios y afrodescendientes a través de diversas políticas socioeconómicas, educativas, etc., dicho de otro modo, a partir del marco jurídico que da sentido, idealiza y materializa al Estado.

La lectura que se da respecto al bicentenario de la independencia en nuestro país y/o de la región centroamericana, y en el caso de Guatemala no se logra visibilizar esta necesidad de generar discusiones y rupturas con la constitución y construcción del ser ciudadano/a y su adscripción a un Estado colonial, excluyente y marginalista sobre todo desde las instituciones gubernamentales y estatales en nuestra contemporaneidad.

Más de 500 años de luchas, rebeldías, resistencia y movilizaciones en contra de estas desigualdades justificadas, promovidas y consentidas por el Estado mismo, los pueblos originarios han aprehendido de la memoria histórica política, cultural, espiritual y económica, etc., maneras de subsistir, permanecer y trascender a lo largo de la historia, no obstante dicha historia poco o casi nada se ha visibilizado en la historia oficial que se enseña y divulga en el país, sobre todo la que se enseña en las escuelas y demás entes educativos.

Por eso, no basta con modificar el Estado y sus instituciones ya que también implica generar y deconstruir el imaginario social sobre el ser ciudadano/a y el Estado en este país. Desestructurar la lógica operativa y representativa del Estado, implica y obliga a desestructurar la representación del Estado en el imaginario social, esta parte es fundamental para lograr verdaderos cambios. Esta necesidad y obligatoriedad hace falta por fortalecer en algunas discusiones y en otros casos admitir y reconocerse en Guatemala, ya que para democratizar realmente el Estado y su representación, se tiene que desestructurar también la representación del Estado en la concepción y percepción misma de cómo conciben a este Estado la población misma, para dar paso a la construcción de un Estado que atienda, responda y represente a todas las poblaciones desde sus diversidades y heterogeneidades; es decir, un Estado plurinacional.