ALGÚN DÍA LA JUSTICIA ESTARÁ DEL LADO DEL PUEBLO

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Rosaura Ragüex

No hay nada más hermoso que la contribución y búsqueda de justicia para los y las víctimas, honrar la memoria y la vida misma. Las incansables luchas de personas y familias en búsqueda de sus seres para sembrarlos de vuelta a la tierra, y con ello, sembrar fuerzas ejemplares para la población que teme exigir justicia en este país. La familia Molina Theissen, por ejemplo, abona nuestra memoria histórica y así misma la esperanza de que algún día la justicia estará del lado del pueblo.

Escuchar testimonios como los de Arnulfo Oxlaj al respecto de su sobrevivencia durante la masacre de 116 niños y niñas por el ejército en 1988 en Chiul, Cunén, Quiché. Pero estas voces en épocas democráticas son tomadas con recelo, sobre todo cuando se exigen justicia a las “autoridades competentes”. En este país, para nada es aceptado recordar verdades y exigir justicia, principalmente si estas voces son mayas. Su aprehensión es un ejemplo de cómo se quiere seguir operando la justicia y toda la estructura sociopolítica estatal en Guatemala, borrando toda evidencia de las violencias contemporáneas contra nuestros hermanos y hermanas.

En este sentido, también se resalta la aprehensión de Juan Francisco Solórzano Foppa, porque son maneras y tácticas para disciplinar, atemorizar y silenciar toda población que busca otro mundo diferente. Silenciar las voces conlleva implícitamente y explícitamente también negar y borrar parte de nuestra memoria histórica, y por ende la reparación obligatoria del Estado y gobierno hacia las víctimas, familiares de las víctimas y la población en general.

Ver y conocer las luchas y logros de hermanos en otros países como Argentina, Chile y Bolivia, por ejemplo, alientan las nuestras y las esperanzas mismas. Sin embargo, debe haber claridad de que estos países han logrados cambios importantes y sustanciales, porque en el poder, sobre todo en el poder político han llegado las personas idóneas, formadas desde y con el pueblo; con una claridad y apego los objetivos e intereses como pueblos.

Esto tiene que ver con la memoria histórica misma, ya que no podremos hablar de reparación histórica y fortalecimiento histórico si no hay desestructuración, desarticulación y reconfiguración del aparato estatal, cuando éste ha sido disfuncional para el pueblo y sus luchas, demandas históricas y contemporáneas; resaltando obviamente que este aparato estatal ha sido funcional para toda la oligarquía del país y sectores corruptores antidemocráticos que viven de las desgracias del pueblo en general.